11.11.09

Suena bonito ¿no?

El viaje iba a ser largo y no quería pensar en nada de lo que hacía un minuto había recordado, por lo que se limitó a recordar aquella historia que les había unido, que prácticamente era peor...
"-¿Me sueltas por favor? -le dijo Blanca mirándole a esos ojos profundos.
-Vas a hacerme caso y escucharme o saldrás corriendo para variar...
-¡Yo nunca he salido corriendo!
-Es una forma de hablar Blanca... no fuiste a la cita, no me cogiste el teléfono, ¿por qué?
-Porque no me dio la gana.
-Sí señora, eso es hablar con decisión.
-¿Me sueltas o te lo digo en inglés?
-Si quieres...
-Please, let me go.

Pero Alex no la soltó. Seguía agarrado a su muñeca y la miraba, la miraba y dejaba ver una pequeña sonrisa.
-Me estoy cansando... Em soltes si us plau.
-¿También dominas el catalán? Chiquilla tú eres un prodigio -y con esto Alex la soltó.
Blanca no salió corriendo, se acarició el brazo y no dejaba de mirarle. Parecía como si le quisiera intimidar con aquellos ojos.
-Gracias... -dijo en un tono bastante frío.
-De nada...
El silencio llegó y con él, la incomodidad. Estaban allí, de pie, sin saber qué decir, qué hablar, qué hacer.
-¿Me dejas invitarte a una copa?
-No -contestó ella de una manera rotunda.
-No seas sosa...
-Perdona, pero no soy sosa.
-¿Qué hay de aquella chica a la que conocí en el tren? ¿Eres Blanca? O tal vez me estoy confundiendo de persona... Usted perdone, señorita.
Blanca echó a reír. Había conseguido robarle otra sonrisa como en aquel tren que se conocieron.
-Soy Blanca, la misma que conoció usted en el tren... -dijo sonriendo.
-Entonces, déjame volver a hacerte reír, déjame ver como te sonrojas o te enfadas o no paras de hablar... Venga...
-Eres un adulador y un pesado y Dios sabe cuántas cosas más...
-¿Pero?
-Pero sí, vayamos a tomar una copa... Pero hay otro pero, invitas tú.
-No hace falta que me lo dijeras, eso es obvio.
-Dicho queda...
Ambos sonreían. Ambos se dispusieron a andar en la misma dirección, al mismo lugar. Compartirían mesa juntos. No iban a bailar, iban a conocerse y qué mejor lugar que un pub en el que pongan Jazz o Blues o Soul... Puede que probaran las bebidas del otro. Puede incluso que probaran los labios del otro. Podrían ser tantas cosas...
-¿A dónde vamos? -preguntó Blanca de una manera, algo impaciente.
-A descubrir un sueño juntos... Suena bonito ¿no?
Blanca se rió. Paso a paso llegaban a aquel bar que les vería conocerse".
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10.11.09

A-17

Entró en la estación y se quedó paralizada. Miraba las pantallas, miraba la cantidad de posibilidades que había para saborear su libertad y eso la angustiaba. La angustiaba porque tenía cantidad de posibilidades y no sabía cuál elegir. Cogió un ticket y esperó a que su número apareciera en la pantalla. Apenas tardaron. Apenas tardó en reaccionar y acercarse a la taquilla.
-Hola buenos días -dijo una señorita bastante guapa y con una sonrisa.
-Hola... quería... quería un billete de tren...
-Bien, entonces ha venido al sitio correcto... -la señorita guapa sonrió.
-Ah, sí... ya... el destino ¿no?
-Sí por favor, facilitará mucho las cosas... -volvió a sonreír.
-Pues uno para Madrid... -y después de decir esto, comenzó a pensar.
"¡Qué originalidad por favor! Ten cuidado no eclipses a la gente... Por favor... Madrid... Madrid o Barcelona es como un tópico... ¿Qué pasa? ¿Quieres huir? Pues Madrid o Barcelona, obvio... ¡Qué horror de chica! Bueno, mirando el lado positivo... está aquí al lado, si pasa algo, dos horas y todos tranquilos ¿no?"
-Señorita perdone, ¿me está oyendo?
-¿Qué? No, perdone, estaba pensando... -dijo con su mejor cara tonta.
-Que si para el primer tren...
-Sí por favor.
-De acuerdo, pues serán 18 con 15 por favor...
Blanca sacó su cartera y le pagó a aquella señorita con un billete de 20 euros... Esperó la vuelta y con una amplia sonrisa, se dispuso a andar al andén. Su tren llegaría en 13 minutos.
Se acercó a un banco y allí se sentó. Pensaba muchas cosas: qué le diría a sus padres, a sus amigos, qué haría con los estudios, qué haría con su vida, qué iba a hacer en Madrid, con qué dinero sobreviviría, y a parte de todo esto... Alex. Aquel que había conocido en un tren. Cogió un tren para conocer al amor de su vida y ahora cogía un tren para... alejarse de él. Era una pequeña paradoja.
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Recordar todo aquello... no la favoreció, en absoluto, pero sí hizo que los 13 minutos pasaran y llegara su tren. Recogió todo lo que tenía y subió al tren. No miró atrás. No tenía a nadie al que decir adiós. No había nadie en la estación al que ella pudiera decirle adiós. No miró atrás. No miró atrás ni cuando oyó el ruido de las puertas del tren cerrarse. Entró en el vagón y buscó su asiento. Colocó todas sus cosas y se sentó en su asiento. El asiento A-17.
"Me persigues hasta huyendo de todo y... de ti... A... Alex...".
Y en menos de 2 minutos, el tren se puso en marcha.
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9.11.09

Estación de tren

El taxista le contaba a Blanca lo que él haría. Blanca no le escuchaba. Miraba por la ventana y pensaba en si la llevaría a la estación de bus o taxi.
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Pensaba en los lugares a los que podía ir. Pensaba y pensaba, y entre tanto pensamiento se colaba Alex. No podía evitar pensar en él. En todo lo que había pasado y lo que pasaría a partir de ahora...
Blanca se sentía feliz. Era como una contradicción pero, realmente, era lo que sentía. Ella en el fondo sabía por qué estaba feliz. Sabía lo que su cerebro ideaba segundo a segundo. En lo que una parte de su cerebro pensaba, otra parte se acordó de algo... Acercó el brazo a una maleta, la abrió, metió la mano entre la ropa, cogió un papel, cerró la maleta, y leyó el papel. Sonrió, sonrió y permaneció con la sonrisa. Se guardó al momento el papel en la cartera que había en el bolso. Y cuando quiso darse cuenta estaba en la estación de tren.
-Pues eso es lo que te digo yo, chiquilla... Ahora haz tú lo que quieras y creas conveniente...
-Pues muchas gracias, lo tendré en cuenta... -sonrió Blanca sabiendo que no haría nada porque no le había prestado ninguna atención a aquel buen hombre- ¿Cuánto es?
-A este invito yo, guapa...
-No, por favor...
-Sí, déjame... Ha sido un grato viaje...
-Entonces siendo así... Muchas gracias por todo, de verdad...
-De nada... y a ser feliz, aunque usted sonríe mucho...
Blanca sonrió de nuevo, cogió sus cosas y cerró la puerta de aquel taxi. Cogió aire y se dispuso a entrar en la estación.
¿A dónde iba?
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¿Tranquilidad o ajetreo?

Pero Blanca abrió los ojos de una manera inesperada. Y en sus ojos había ya un mínimo rastro de tristeza... Se levantó de las escaleras y sacó el móvil del bolsillo. Marcó: 923250000...
Esperó y pidió un taxi a su dirección. Agarró todo lo que tenía y salío fuera del portal a esperarlo.
Ahora sonreía, parecía como si tuviera una extraña bipolaridad... En menos de cinco minutos el taxi había llegado a aquella placita. Blanca cogió todo lo que tenía y se dirigió hacia él.
-Hola.
-Hola...
-¿A dónde la llevo?
-A mi libertad, por favor...
-¿Perdone? -ella a la vez, sonrió.
-A... a... a la... sí, a la estación...
-¿Cuál?
-Usted me recomienda ¿bus o tren?
-Pues depende a dónde quieras ir, chiquilla...
-Pues no lo sé... Lejos de esta ciudad...
-¿Tranquilidad o ajetreo?
-No sé...
-Entonces yo arranco y la llevo a dónde yo creo y ya le digo en el viaje la opción ¿quiere?
-Me parece perfecto...
Y ella sonreía a la vez que el taxita ponía en marcha el taxímetro.
¿A dónde iba?
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7.11.09

Inteligible

Al cabo de unas horas, habían llegado a la ciudad. A la ciudad que les vería morir. Como un buen caballero, la dejó en la mismapuerta de su casa. Ella cogió todas sus pertenencias. Cerró con un suave golpe la puerta del coche. Alejandro ni si quiera salió del coche... Ambos sabían que era mejor que con una simple mirada o un gesto acabara todo. Blanca cogió las cosas y empezó a caminar, apenas llegado a los ocho pasos, se giró con dulzura. Le miró. Se miraroon. Le sonrió. Se sonreían. Y con un gesto de cabeza, ella volvía a darse media vuelta y él encendía el motor del coche. Sacó las llaves con algo de dificultad y abrió la puerta. Él, al ver que Blanca ya entraba en el portal, se marchaba de aquel lugar, de aquel parking que tantas veces había frecuentado. Blanca sabía que no quería y no podía subir a su casa. No tenía fuerzas. Se sentó en los escalones dejando las maletas a su lado, y cerró los ojos. Los cerró porque ella sabía que si los tenía más tiempo abiertos, lloraría como nunca antes, posiblmente, lo hubiera hecho.
Él siguió conduciendo, no iba a pararse. Él no lloraba... Él pensaba. Él iba a su casa... allí ¿qué haría ahora sin la presencia de su pequeña princesa? Olvidar los besos que había en cada rincón de la casa, intentar que el olor de aquella niña se fuera de cada sábana...
¿Qué harían los dos, ahora, solos? Cada uno en su lugar, en el lugar al que corresponden.
-Alex... -murmuró Blanca casi de una manera inteligible y los ojos cerrados.
-Blanca...-murmuró Alex casi de una manera inteligible.
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