15.6.09

Sujetador negro.

Apenas hubo palabras. Él, le quitó la camiseta a la vez que ella le desabrochaba la camisa. Sólo el ruido de la saliva ponía música a la habitación. Ella era para él un dulce nuevo, algo que todavía estaba envuelto; él era su catador. Él era para ella el nido que quería, el cariño que buscaba se lo daba él, los abrazos que añoraba y los besos que necesitaba se los daba él.
Sintió su mano en el cierre de su sujetador. Sujetador negro, como a él le gustaba...
Deseaba que le desabrochara con una sóla mano el sujetador y acto seguido los pantalones. Que le corriera el pintalabios y que sus rizos se enredasen con sus manos...
Otra vez se estaba saltando las normas... Con él, pocas cumplían. Y todo empezó como aquellas veces que habían intentado ser uno:



Besos que recorren los cuerpos,
cuerpos que se camuflan en las sábanas,
sábanas que albergan secretos,
secretos que se pierden en la cama.
Sonrisas ocultas en la oscuridad,
oscuridad; cómplice de la pasión,
pasión que inunda la habitación,
habitación impregnada de calor.
Agua que resbala por los cuerpos,
agua que abandona las entrañas,
agua que se mezcla y sólo queda un agua.
Besos que mueren en el cuello.
Cuerpos que se enredan y desenredan.
Sábanas que empapadas quedan.
Secretos prohibidos, gritados a voces.
Sonrisas que acaban en espaldas.
Oscuridad con destellos de magia.
Pasión sin control.
Habitación llena de... ¿amor?
Agua que inunda los cuerpos,
agua que quema la piel,
agua que de los dos, es.



1 comentario:

Aiser dijo...

Muy bonito, perfecto.
Ella vive su
propio cuento
de princesas
dejándose querer.