15.7.09

Ven...

Y ella no paró de correr hasta que, al mirar hacia atrás, no vio nada conocido, no reconocía ningún ruido de los de antes… Y ella no paró de correr hasta que no llegó a un bosque. El bosque tenía un encanto especial, pero sus lágrimas en los ojos no sabían apreciarlo, no ahora. A lo lejos, la pequeña princesa vio un río y decidió sentarse allí. A seguir llorando. A seguir respirando profundamente para poder encontrar la situación. Estaba cansada de las bobadas que él tenía la cabeza. La princesa, sólo quería despertarse a media noche y renegar porque él tiene todas las sábanas, ponerle la cara preferida para que cediera y le hiciera un buen desayuno, que al salir de casa ella hiciera un pequeño ruido con la garganta y él supiera ya lo que ella quería; un abrazo y un dulce beso.
Ella dejó por un momento de pensar y miró a su alrededor… Sin rastro de nadie. ¿Dónde esaría él? ¿No se iba a molestar en ir a buscarla? ¿Todo había terminado por un simple comentario?
Estaba cansada, triste y enfadada. Y la memoria, que es bastante compleja a la hora de entenderla, empezó a recoger recuercuerdos. Concretamente la memoria hizo que la pequeña princesa de rizos, recordará el día en el que le conoció.
“Hace ya como 8 meses que la pequeña princesa y él, están juntos. No se hubieran conocido si ella no se hubiera montado en ese tren, que no iba a ser ese tren pero que luego, sí que fue ese tren debido a que tubo que posponer su viaje por firmar unos papeles para la matrícula del instituto. No se hubieran conocido si él no hubiera perdido el tren del día anterior, debido a una discusión que tubo con su ex-novia.
Ella subía en Salamanca. Él, en Logroño. Y casualmente, el sitio que estaba libre al lado de la princesa, fue ocupado por él.
La princesa, había bajado una maleta pesada en la que tenía el portátil, que al aburrirse lo utilizó para escribir. Cuando el subió se encontró su sitio totalmente invadido, una maleta, una toalla, un paquete de galletas… estaban en su asiento…
-Perdona… creo que tendría que sentarme aquí –dijo él en un tono muy dulce y amable.
-Ay, perdona… perdona el desastre es que el portátil estaba dentro de la maleta, y la toalla, y es que también acabo de desayunar…
-Por favor, no te disculpes –él rió- ¿te ayudo a recogerlo?
-Pues sí, si quieres y puedes sería perfecto…
Ambos empezaron a recoger el desorden que la pequeña princesa había organizado en apenas 2 minutos. Cuando subieron la maleta y quitaron el resto de cosas, él se sentó. Al principio ella le explicaba el por qué del desorden, detalladamente; él, se reía sin parar. Por su mente, se podía ver lo que pensaba de ella: simpática, agradable, amable, divertida, guapa…
Ella hablaba y hablaba contándole cosas del viaje. Su mente también tenía varios adjetivos y una oración: “hemos conectado”.

.
[…]
.
En ese momento, la memoria fue interrumpida por la propia princesa…
-¿Dónde estás, qué te pasa, por qué no vienes?
Suspiro otra vez, evitó que las lágrimas que tenía en los ojos salieran de sus ojos; y retomó el pensamiento…























3 comentarios:

La Chica Piruleta dijo...

Ya te esperaba!!
Ains... ¿donde estará?

Fue muy bonito y gracioso
el día en que se conocieron.

Tiene que ir a buscarla.

Besos.

Perezoso dijo...

Ya tenía ganas que continuaras con el cuento. Me gusta como sigue y la reflexión de ella.

Un besito!

Ninfa Poética dijo...

así que hace ocho meses que se conocen...
curiosos los ocho meses, por algun extraño motivo todo el mundo habla de ellos... y eso me mata
cuando llevaba ocho meses con mi novio me dejo... oche meses despues de que nos conocieramos, curiosamente xD
en fin, muy bonito el texto :)