21.10.09

Sonidos.

No miro a nadie, sólo escucho.
No quiero escuchar, pero sólo me queda eso.
¿Qué escucho?
Palabras que se agolpan en mi cabeza,
palabras que confunden mi cerebro,
palabras que hieren el corazón.
¿Por qué?
Porque la vida son sonidos,
porque los sonidos llegan a los oidos
y los oídos escuchan lo más mínimo.
Está lloviendo.
Las gotas mueren en mi cuerpo,
en todos los rincones de él,
yacen en mi ropa
y en la arruga más imposible.
Tengo frío.
Siento nuevas gotas...
¿Lluvía? No.
Lágrimas.
Lágrimas que se pisan unas a otras
como en la carrera más intensa.
Descienden por las mejillas,
acaricían la nariz
y los labios las saborean... saladas...
¿Y por qué?
Porque escucho que te vas.
Me dejas. Aquí,
Desapareces. Rápido.
Y duele. Empieza a doler.
Quisiera haberme quedado sorda,
quisiera no haberlas oído,
quisiera que no fuera verdad. Nada.
Te vas. Te estás alejando.
Y ahora no oigo nada;
no hay ruidos y no hay nada que oír
porque te has ido.
Te has marchado ¿para siempre?
¿Y ahora qué?
¿Sigo llorando o corro?
¿Caigo o grito?
Quisiera hablar y no puedo,
quisiera pararte y no me atrevo,
quisiera gritarte y no tengo aliento.
¿Qué ha pasado?
Que he muerto...

1 comentario:

Perezoso dijo...

Joder, los pelos de punta, princesita!!

MUAACCCK!